LA ESPECIE QUE DOMINA LA TIERRA

Por: Jairo Dussán G.*

Si usted lector piensa que somos lo seres humanos (Homo sapiens) quienes dominamos la tierra, probablemente tenga razón, pero, aunque somos 7.500 millones de personas, cifra que aumenta cada segundo, la verdad estamos muy lejos de hacerlo. No tenemos voz, nadie nos escucha.

Una nueva especie, más bien una mutación reciente del Homo sapiens, es la que domina la tierra, decide su destino y dirige la evolución en una forma acelerada y nunca antes prevista: es el Homo Business. El Homo sapiens colonizó el planeta y se lo entrego, sin saberlo, a esta subespecie.

Tienen aspecto de seres humanos, en general, se comportan como los seres humanos; sus funciones vitales son similares, pero ahí cesa todo parecido.  Poseen una sola hormona, la de la avaricia. Tiene un pensamiento de corto plazo, solo buscan resultados inmediatos. Su vocabulario es limitado: ganancias, rentabilidad, efectividad, eficiencia, producción masiva, resultados trimestrales. La mayoría no tiene rostro, no habitan un lugar específico. Se esconden detrás de estados supranacionales, las corporaciones. No tienen fronteras, su mundo se llama Negocio.

Han llegado a todos los rincones de la tierra. Lo llaman ladinamente Globalización. Tienen un inmenso poder económico que les permite influir y cambiar las leyes a su acomodo. Se apoderan de los recursos naturales. Cuando se van dejan una estela de devastación, contaminación y corrupción. Cuando llegaron prometieron progreso. Se han organizado y se hacen llamar Banco Mundial, Fondo Monetario, Organización Internacional del Comercio y muchos otros donde solo se habla su idioma.

Esta especie reescribe, a su conveniencia, las reglas que el Homo sapiens desarrolló a través de los siglos las cuales permitieron su sobrevivencia. Ahora, son ellos la fuerza que define todas las actividades y destino del Homo sapiens. Mientras usted lee estas reflexiones, el mundo solo se ha movido por los intereses del Homo Business. Así es día tras día, año tras año y, lamentablemente, así será dentro del futuro predecible.

La tecnología se convirtió en su arma perfecta. Gracias a ser los dueños de los medios de comunicación, su presencia es permanente, y global. Han logrado llegar a los más remotos lugares del planeta para imponer su visión; mejor dicho, su Negocio. Para que su mundo continúe prosperando necesitan aumentar el control e influencia sobre el ser humano.  Como herramienta básica han recurrido a crear falsas necesidades, consumos masivos. Han penetrado y fomentado alrededor del mundo morbosas imitaciones de vida en sociedades con valores, costumbres y necesidades completamente diferentes.

La ecuación del trabajo donde uno consume lo que otro produce y otro consume lo uno produce ha sido drásticamente alterada. En primer lugar, el Homo Business para mantener y aumentar sus beneficios ha impuesto sus condiciones de estilo de trabajo y remuneración a niveles en donde solo se logra una magra supervivencia. No satisfecho con ello lleva su producción a lugares miserables como Bangladés o Lesoto donde los seres humanos viven y trabajan aún en peores condiciones.

En su infinita ambición, apoyada por la tecnología, tiende a reemplazar a los seres humanos por robots y procesos automatizados. Consecuencia inevitable, la dramática reducción en puestos de trabajo; los más afortunados deben aceptar salarios aún más reducidos, y condiciones más difíciles.

Los analistas de hoy, gurús del futuro y autodenominados expertos, repiten una letanía sin ser cuestionados: la tecnología se encargará de resolver el problema. Muy lejos de la realidad.

LA PERDIDA DE LA FUERZA LABORAL

El discurso populista y xenófobo de los políticos afirma que la pérdida de trabajo local se debe al traslado de la mano de obra a países pobres. Pero esto no es verdad. Las cifras muestran que la automatización y robótica son directos responsables de la pérdida del 10% de puestos de trabajo en USA, y no la mano de obra contratada afuera- En el 2025 habrá reemplazado alrededor del 25 % de la fuerza laboral.

A través de sus armas de mercadeo, técnicas de marketing, publicidad de todo tipo las 24 horas del día, el Homo Business ha logrado el sometimiento completo de la humanidad. Han hecho creer al mundo que sus invenciones son importantes aportes para la humanidad.  ¿Cómo se explica que el lanzamiento de un nuevo teléfono “inteligente” cree tanta expectativa, horas y horas de análisis en los medios, cálculos y predicción de los expertos y colas de usuarios para ser los primeros en comprarlos? Nadie se atreve a preguntar qué necesidad llena este modelo que los anteriores no llenaran. No hay respuesta. El éxtasis de la novedad tecnológica no deja pensar, mucho menos analizar.

La industria de alimentos es uno de los ejemplos más relevantes de lo que el Homo Business infringe a la humanidad. Fabrican miles de productos que van en contra de la salud. Las industrias de las bebidas y comidas rápidas están señaladas como responsables de la catástrofe en salud (Obesidad, diabetes y enfermedades conexas) que afrontan países como USA, que se extiende globalmente y crece de manera exponencial. En contra de la evidencia científica y las débiles campañas oficiales, esta industria continúa sin dar respuesta de fondo, no cambia sus prácticas, no es responsable legal por el daño a la salud.

Es un hecho, no se siente moral o éticamente comprometida. Como ellos mismos dirían, no es nada personal, se trata solo de negocios.

A los seres humanos se nos dice qué comer, cómo vestir (pagamos por exhibir un logo o una marca), qué apariencia tener, qué contenidos leer y ver, a qué información acceder. También, cómo comunicarnos y relacionarnos.

En menos de una generación el negocio de las redes sociales (Facebook, Twitter y otros) ha cambiado dramáticamente la forma como los seres humanos nos comunicamos y relacionamos. Las consecuencias apenas empiezan a verse. Cientos de millones han cambiado su mundo físico por el mundo virtual donde no hay reglas, ni responsables. No hay identidades comprobadas. Se puede fingir, falsificar, robar identidades, diseminar mentiras, volver virales contenidos.  En todo momento, en todo lugar, el usuario de estas redes se comporta como un adicto, incluso poniendo su vida en peligro, como cuando conduce un vehículo, atraviesa una calle; en cualquier sitio y lugar, hombre y mujeres, de cualquier edad son consumidos por ese mundo virtual, que monitoreado permanentemente. Esto es lo que quiere el Homo Business. Es parte de su perversa y rentable estrategia.

LA PERDIDA DEL LENGUAJE

Lo más preocupante es que los más vulnerables, jóvenes y aún niños, cuyos patrones de comunicación y comportamiento están apenas en adquisición, son expuestos con la cercanía de la tecnología a su alcance. El lenguaje con toda su riqueza, tanto verbal como corporal, sus matices y otras características, son suplantados por una comunicación impersonal, reducida y pobre en contenidos, pensamiento limitado, y en general una alarmante carencia intelectual. La exhibición narcisista es su gran característica, con una irritante presencia del “Yo” siempre en primer plano.

¿Qué depara el futuro para estas generaciones en términos de comunicación y relaciones humanas, incluso de salud mental, ante una situación que ya adquirió signos de adicción y dependencia?  La prosperidad de las grandes redes está garantizada. Entre más usuarios (adictos) tengan, mejor el negocio. ¿Y la salud del Homo sapiens? La comunidad mundial científica está en mora de enfrentar este fenómeno. Los dueños de estas gigantes plataformas no sienten ninguna responsabilidad. De nuevo: ética o moralmente tampoco les causa la menor preocupación. Es un negocio, nada personal.

Para el Homo sapiens como ser viviente, originado en la naturaleza que comparte con todos los otros seres vivientes existen claras y urgentes prioridades: clima estable para continuar, agua, el líquido vital que ha permitido la vida y de la cual dependemos y, finalmente, seguridad alimentaria.

Nada de esto se está dando. El Homo sapiens y el Homo Business han literalmente asaltado y devastado la misma naturaleza de la que provienen. Como jamás visto, una especie está acabando el único sitio donde le permite perpetuarse. Los seres humanos jamás han entendido que ellos necesitan de la naturaleza, pero la naturaleza no los necesita.

El cambio climático, probablemente irreversible, con el único y tímido acuerdo (Acuerdos de Paris, 2016) ahora saboteado por el mayor contaminador del mundo. Agua, el planeta muere de sed, desertificación, sequedad extrema. Aguas de ríos, mares y pozos contaminadas. Las fuentes de agua: bosques, selvas y paramos destruidos. Alimentación, con hambrunas en el año 2016 en 40 países. Pesca industrial apoyada por la tecnología ha diezmado poblaciones enteras de especies marinas y tiene al borde de la extinción a otras. Las abejas polinizadoras naturales cuyo trabajo representa casi el 25% de las cosechas, en alarmante declinación. Entre tanto, la población humana crece de manera incontrolada.

EL ABUSO DEL PLANETA

Damos por sentado que todavía hay tiempo para reversar los cambios. Nadie sabe a donde hemos llegado en realidad. Este abuso del planeta es un crimen contra la humanidad, o más bien contra todos los seres que sobreviven al comportamiento errático y abusivo de los supuestos seres más inteligentes.

Lo común con estas crisis que nos rodean es la falta de acción concertada por parte de todos los seres humanos. Alrededor del mundo no existen verdaderas políticas de estado para preservar el medio ambiente y sus recursos vitales. Los gobernantes terminan cediendo ante las pretensiones del Homo Business y sus intereses. Y su corrupción. Solo se escucha su voz.

El ser humano solo se ha unido para la guerra y la destrucción. Lucha por fronteras imaginarias, por imponer dogmas e ideologías religiosas (producto de fábulas y leyendas) o para elegir tiranos y criminales. Así ha sido desde tiempos inmemoriales. Nada ha cambado, solo el increíble poder destructor de la tecnología con la cual se cuenta y que puede aniquilar casi cualquier forma de vida del planeta.

Carl Sagan, en su inolvidable serie Cosmos, reflexionaba sobre el sitio donde hemos evolucionado, multiplicados y llegados a ser los que somos y acotaba: “Así ha sido y seguirá siendo por el futuro predecible este es el único hogar que tenemos”. Y su pregunta final: ¿Quién hablará por la tierra?

Siempre me considere un realista bien informado, pero la realidad solo deja espacio para ser un pesimista bien informado. La crisis se avecina, nadie sabe si ya llegó al punto de no retorno. El confort relativo que viven los países ricos y desarrollados y la utopía de que la tecnología resolverá la catástrofe impide que la realidad salga a la luz. Nadie responde, y lo peor, nadie escucha. Disculpe Homo Business por lo anterior, pero sí se trata de un problema personal, el de los seres vivientes de la Tierra. No es un negocio.

*Médico colombiano radicado en USA.

 

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